Su cuerpo blanco, desnudo, estaba semicubierto por un frac dorado y su larga cabellera negra estaba coronada por un sombrero de copa con un lazo carmesí.
La perfección estaba siendo contemplada en su totalidad por mis humildes y nefastos ojos. Bastaba una sola de sus miradas de brillo de esmeralda robado para llevarme con ella.
Acomodábase sobre el eterno y suave lecho de hojas doradas. Su cabellera caía suavemente, como oscuras aguas de una cascada, sus ojos llamaban a los míos con fingido disimulo.
Y entonces mi mirada pareció aturdirla, se desvaneció entre miles de burbujitas de oro, dejando tras de sí un fino lazo carmesí que acariciaba cada uno de mis sentidos.
Y se fue.
¿Qué quería de mí?

Me encanta como escribes, un blog genial, en serio! :)
ResponderEliminarMuchas gracias, no me lo suelen decir :)
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